Ganadores del XI Concurso Universitario de creación de microrrelatos "Universos mínimos"

PREMIADOS

Primer Premio                             
Lorena Escudero Sánchez
(Licenciada en Física)
      La muñeca está rota   
Segundo Premio    
 Diego Martínez de Caso
(Estudiante de grado en Filología Hispánica)
Encajar
Tercer Premio
MªIsabel González Bravo
(PDI Facultad de Economía y Empresa)
Monólogo

 

SELECCIONADOS

Alicia Isabel León Lobera
(Programa de Doctorado en Biología y Conservación de la Biodiversidad)
Vértigo                                   
Antonio Juan Sánchez Martín
(Estudiante de Doctorado)
Deducción
Blanca Dorothy A Mbabi Turrión
(Estudiante de Grado de Estudios Ingleses)
Maneras de vivir
Andrea de la Fuente Revilla
(Estudiante de Grado en Historia del Arte)
La vida es libro
Luis Alberto Álvarez Espinosa
(Licenciado en Derecho)
Las arquitecturas de la impostura
Margarita del Brezo 
(Licenciada en Psicología)
Todo sobre mi madre
Paula Santa Vicente Pérez
(Estudiante de Grado en Estudios Ingleses)
La línea 4

 

 

PRIMER PREMIO
Lorena Escudero Sánchez
La muñeca está rota

Ya no deja de llorar cuando la abrazas, no come y bebe mucho, y suelta unos eructos que suenan como si se le estuvieran acabando las pilas. La muñeca está rota y ya no sirve. Yo miento y digo que no me he divertido con ella más de la cuenta. Nadie puede demostrar que intenté ahogarla en la bañera, o que le retuerzo los bracitos cuando me aburro. Y a nadie le importa. Estamos casados y la muñeca es mía. 

SEGUNDO PREMIO
Diego Martín de Caso
Encajar

En el país de los ciegos el tuerto se acaba de sacar su ojo bueno.

TERCER PREMIO
Mª Isabel González Bravo
Monólogo

Quedaba menos de un minuto para finalizar la prórroga de la final del mundial y el empate a 1 se había mantenido desde la primera parte. Cuando vio venir el balón se dio cuenta de que era el momento con el que siempre había estado soñando. Decidido a no desaprovecharlo, calculó la inclinación justa de la cabeza para un impacto preciso y certero. Cuando el balón entró en la portería y el campo enmudeció, los jugadores no podían apartar la vista del individuo vestido de amarillo reglamentario, tumbado en el suelo, con el silbato colgando aún del brazo y rodeado de tarjetas rojas y amarillas que se le habían desparramado del bolsillo en el salto. 
Enorgullecido de su protagonismo, se llevó el silbato a la boca y pitó el final del partido.

 

 

SELECCIONADA
Alicia Isabel León Lobera
Vértigo

Sabías que me dan miedo las alturas si no se alzan sobre un sólido esqueleto de hormigón armado, que soy criatura urbana. Sabías que no busco ampliar mis horizontes más allá del skyline, que prefiero los metros soterrados a los que se miden sobre el nivel del mar y tú te empeñas en escalar.
Sabías todo eso cuando, una vez más, compraste los billetes rumbo a uno de esos dichosos ochomiles, dando por sentada mi compañía en la cima. Lo cierto es que preferiría quedarme en el hotel, cuidando de tus cosas. Pero ya me conoces. Te abrazaré y seguiré al fin del mundo, como llevo haciendo siempre.
Únicamente te pido que no me sueltes. Las mochilas somos muy conscientes de la ley de la gravedad, aunque estemos todo el día colgadas.

SELECCIONADO
Antonio Juan Sánchez Martín
Deducción

El detective entró en salón como el Katrina en la costa de Nueva Orleans. Eran las doce en punto y doce dedos inquietos golpeaban armoniosamente la mesa de roble que presidía la habitación. Al mayordomo, al amante y al contable de la señorita Timberline se les heló el corazón por un instante mientras el detective, diseccionando con la mirada a cada uno los tres acusados, proclamó: “Señores, el culpable del asesinato es, evidentemente, quien…”
- ¡Alto, Inspector Callaghan! – Paró en seco la disertación el contable.
- Mr. Rolland, ¿a qué debo tal interrupción? ¿no se da cuenta que llevamos ya ciento cinco palabras y me estoy quedando sin espacio argumentativo?
- Efectivamente inspector, y no es otra mi intención que reducir al máximo su capacidad expresiva para así poder dejar este crimen irresoluto – dijo Rolland.
- Jamás se me habría ocurrido – afirmó sorprendido el señor Lovelace.
- No me extraña querido, usted sólo utiliza la cabeza cuando está cerca del pubis de la señorita Timberline – incurrió el mayordomo.
- Se están equivocando caballeros, me basta sola una palabra para meterles finalmente a todos en la cárcel.
- ¿Cuál? - Preguntaron los tres al unísono.
- Continuará… - susurró el inspector.

SELECCIONADA
Blanca Dorothy A Mbabi Turrión
Maneras de vivir

De pequeño, miraba los relojes y calendarios para verlos volar; de mayor, con la esperanza de poder pararlos.

SELECCIONADA
Andrea de la Fuente Revilla
La vida es libro

Quería llegar al final de la historia. Pero nunca pasó página.

SELECCIONADO
Luis Alberto Álvarez Espinosa
Las arquitecturas de la impostura

Le despertó un estruendo. Sobresaltado bajó las escaleras del adosado en el que vivía y notó en su descenso como iba aumentando el bullicio.
Percibió una inusual actividad en el salón generada por cuerpos que se movían con soltura y decisión, como si conocieran a la perfección el territorio, como si fuera realmente suyo.
Se aproximó y reconoció a su vecino tendido plácidamente en uno de sus sillones mirando al televisor con la taza que le habían regalado sus hijos por navidad.
Un estruendo proveniente de la cocina le distrajo y, aproximándose despacio, vio a una de sus cuñadas preparando un desayuno, del que ya habían comenzado a dar buena cuenta sus sobrinos sentados a la blanca mesa de la cocina.
Giró la cabeza y vio a su compañero trabajo con su ordenador, y por la ventana advirtió como su suegro tomaba el sol en el jardín.
Ascendió sobrecogido por las escaleras del chalet reclamando ansiosamente a su mujer. Cuando llegó al dormitorio descubrió que ocupaba su sitio en la cama, y que al lado estaba su mejor amiga.

 SELECCIONADA
Margarita del Brezo
Todo sobre mi madre

Como cada tarde, coge el cubo y el estropajo y camina los dos kilómetros que la separan del camposanto. Si el invierno ha sido generoso, el regato baja con agua y se ahorra comprar la botella de litro y medio en el puestecillo de flores. No es gran cosa, pero desde que tuvo que dejar de trabajar porque la tristeza la mantenía demasiado ocupada, la única holgura que se permite es la de la ropa. Después de limpiar la lápida, con el agua que sobra riega las macetas de plástico y se enjuaga las lágrimas para que no note que ha llorado. Aparta de su rostro el pelo, afina la voz y me cuenta lo que ha oído esa mañana en la radio. Lo hace para darme ideas, porque siempre soñé con ser escritor e imagina que aquí abajo no habrá nada que me inspire. Luego, de vuelta en casa, se sienta frente al televisor apagado e imagina que todo esto no es más que el guion de una película rara, como esas de un director español que yo solía ver. Y si hay suerte, se queda dormida.

SELECCIONADA
Paula Santa Vicente Pérez
La línea 4

La línea 4 comienza en los colegios, pasa por los hospitales y acaba en el cementerio.
En el autobús se reúnen niños, con la alegría de la vida, enfermos con la esperanza de vivirla y ancianos, con el recuerdo de haberla vivido.