Ganadores X Concurso de Microrrelatos. Universo Mínimos

X Edición Concurso Universitario de Creación de Microrrelatos Universos Mínimos

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Ganadores

Primer premio

Raúl Clavero Blázquez, estudiante en la Facultad de Filología desde 1996 hasta 2002

LOS PASOS PERDIDOS

 

Segundo premio

Margarita del Brezo, licenciada en Psicología en el año 1993

MENTIRAS

 

Tercer premio

Manuel Medarde Agustín, PDI

AÑORANZA

 

Seleccionados por orden de recepción del texto en el Servicio de Actividades Culturales

Cristo J. Saavedra Sarmiento, estudiante del Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera A LA CERVEZA
 
Alicia Isabel León Lobera, estudiante de Doctorado (Programa de Doctorado en Biología y Conservación de la Biodiversidad EL INCIDENTE
 
Laura González Muñoz, Graduada en Traducción e Interpretación por la USAL LUDOPATÍA
 
Alejandro Guerrero Luna, estudiante de 4º curso de Filología Hispánica LOS MUERTOS
 
Oscar Staedelin Hoyo, estudiante de Erasmus TRANSICIÓN
 
Diego Martínez de Caso, estudiante de Grado en Administración y Dirección de Empresas FUEGO
 
Sergio Oterino Sogo, estudiante del Grado en Biología VERANO

Premiados

1er premio    Raúl Clavero Blázquez, estudiante en la Facultad de Filología desde 1996 hasta 2002

LOS PASOS PERDIDOS

A cada vuelta del tambor de la lavadora aumenta el riesgo de que un calcetín se pierda para siempre. Con él no sólo desaparecen todos los pasos que ya no se habrán de dar, también se marchan los que ya se dieron, como aquel, perezoso, camino del primer día de colegio; o ese otro, dubitativo, entre varios columpios del parque; o el último, acelerado, detrás de una pelota que se aleja. No, mejor es no tentar a la suerte, y dejar los calcetines tal y como están. Dentro de una bolsa de hospital. Manchados aún de sangre.

Seudónimo: Anvil

***

2º premio    Margarita del Brezo, licenciada en Psicología en el año 1993

MENTIRAS

Después de un día tan nefasto, lo único que deseaba era darme una ducha y disfrutar de una deliciosa copa de vino recostada en el sofá. Mi marido volvía a retrasarse y los niños se acababan de acostar. Comenzaba una película en el televisor cuando descorché la botella con la toalla todavía puesta a modo de turbante. El aroma del líquido me envolvió mientras observaba la voluptuosidad de sus infinitos matices encarnados derramarse sobre el cristal de la copa. Antes de poder dar el primer trago, sonó el teléfono. En la pantalla parpadeaba su nombre con la insistencia de las disculpas inventadas. No contesté. Atrasé el reloj, salí de la ducha y, con la toalla todavía puesta a modo de turbante, descorche una botella de vino. En el televisor comenzaba una película. Me serví una copa y detuve el reloj. Después, recostada en el sofá, paladeé cada sorbo, muy lentamente, como si el tiempo y mi propia vida me pertenecieran.


***

3er premio    Manuel Medarde Agustín, PDI

AÑORANZA

Mamadou el de la esquina mira al cielo con ojos melancólicos, llenos de añoranza. Contempla los estorninos crear nubes oscuras, nubes que se diluyen en el espacio dispersando los individuos o se concentran en un punto apretando los individuos. El movimiento es ondulante, grácil, fluido y adaptado a la presencia o ausencia de peligro, marcado por la busca de comida o de un dormidero. Visto desde fuera parece una sinfonía a la vida, visto desde dentro solo refleja el desvalimiento innato de cada uno de los individuos. Mamadou se acuerda de sus amigos de la sabana, perdiéndose y volviéndose a encontrar, durante el viaje que hicieron hasta llegar al dormidero que él encontró en la esquina de mi calle.

 

SELECCIONADOS

Cristo J. Saavedra Sarmiento, estudiante del Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera

A LA CERVEZA

Quiero que sepas que recuerdo nuestra primera vez. Fue un amor seglar y prohibido, en origen, que mucho (quizá no tanto) tuvo que esperar. Tú tan mayor, tan sabia, experimentada e incierta y yo tan párvulo, cándido y sediento. Un crimen, sin lugar a dudas, en ojos más puritanos. Cómo no ser objeto de pecado ante semejante belleza; mis sentidos enloquecían con tu amarga sensualidad y con el brillo rubio con el que siempre, desde que te vi, me has hipnotizado. No entendí, aquella primera vez, el misterioso escalofrío que me recorrió el cuerpo cuando permitiste, cuando te permití, cuando me permití, saborearte. Pecado. Sabes que te busqué durante años sin entender exactamente qué es lo esperaba encontrar. Y te hallé, así, igual de hermosa, cautivadora, magnética, embriagadora... virginal al primer contacto con mis labios. Encuentros que se alargaban (que lo siguen haciendo, afortunadamente) en un tiempo fugaz. Llegas, siempre, tentadora. Me incitas, me seduces, me cautivas... Yo me dejo arrastrar hacia ese orgasmo efervescente en donde tu azúcar de malta me encurda el alma en un arrebato que nos saca del tiempo. Te quise. Te quería ya sin ni siquiera conocerte. Te quiero. Te querré siempre.

 

Alicia Isabel León Lobera, estudiante de Doctorado (Programa de Doctorado en Biología y Conservación de la Biodiversidad)

EL INCIDENTE

Ya no sabía qué hacer. Ella, la única dueña de su corazón, antes cálida y acogedora, se había transformado en un iceberg con formas de mujer.

Tras el incidente, el recoveco de su cuerpo tibio enroscado bajo las sábanas, antaño su lugar favorito, dejó de pertenecerle. Se acabaron también las tardes de película y mantita, donde la placidez desdibujaba las horas que pasaban juntos en el sofá. Sofá en el que, por cierto, tuvo lugar el incidente aprovechando su ausencia con aquel acto traicionero, hiriendo de muerte su confianza

Ante la amenaza de encontrarse de patitas en la calle, intentó congraciarse con ella, sin éxito. Y finalmente, depositó todas sus esperanzas en aquel regalo. Si así no lograba su perdón, no sabía qué podría conseguirlo. En silencio, lo dejó junto a sus zapatillas, pues quería que el pájaro muerto fuera lo primero que viese nada más despertar, y no el sofá todo arañado.

 

Laura González Muñoz, Graduada en Traducción e Interpretación por la USAL

LUDOPATÍA

Tanto odiaba la incertidumbre de las apuestas, que el día que decidió jugar a la ruleta rusa cargó todas las cámaras del revólver.

 

Alejandro Guerrero Luna, estudiante de 4º curso de Filología Hispánica

LOS MUERTOS

La niña miraba confusa desde la ventanilla del avión. No entendía por qué su abuela se escondía de ella entre las nubes.

 

Oscar Staedelin Hoyo, estudiante de Erasmus

TRANSICIÓN

Los cuatro ojos brillan en la ocuridad. Él saborea la lujuria de lo prohibido. Pasea sus manos, violentas, por el cuerpo desnudo y entregado. Por la pequeña ventana entran luz de luna y aire de verano español. Buscaba su hermoso cuerpo : él ya no se lo niega. Fuera suenan movimientos secos, gemidos largos, suspiros exhaustos. Dentro, sudorosos, luchan la paloma y el leopardo. Uno resignado, otro feroz. Un suspiro postrero, el cuerpo molido por la Pasión, y el infinito alivio, voluptuoso, del fin.

Salen a andar entre los olivos, uno con sus botas, el otro descalzo, como los hijos de la mar.

Y hoy, mientras pasea sus medallas por el Retiro de un Madrid democrático, él sabe donde yace Lorca.

 

Diego Martínez de Caso, estudiante de Grado en Administración y Dirección de Empresas

FUEGO

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años una mujer descubrió que entrechocando dos piedras se conseguía hacer fuego. Orgullosa corrió para enseñárselo a toda su aldea.

Ese mismo día fue quemada en la hoguera por bruja.

 

Sergio Oterino Sogo, estudiante del Grado en Biología

VERANO

La manta del verde es retirada por el sol abrasador, que la acaricia con la ternura y la pena de los impotentes. Un hemisferio se desviste y el otro se arropa, en un eterno matrimonio por conveniencia condenado a la castidad y a la contrariedad, desistiendo de cualquier acercamiento que sobrepase la barrera del interés.

Seis años viviendo juntos, y se daba cuenta ahora de que eran polos opuestos.