Carla Zapata Toapanta

     ¿El Buen Vivir como luz al final del COVID-19?

     Ante el actual contexto de emergencia frenética e irracional que no distingue de naciones ricas o pobres, se presenta el COVID-19, un virus que ha propiciado que el mundo entero asista forzosamente al estreno de una película de terror con un final inesperado, “la invasión del COVID-19”. El presente documento plantea una posible alternativa al post SARS-CoV-2.

     El actual escenario enigmático se ha ido transformando en un tablero de dominó con diversos jugadores a mayor y menor escala, pero todos ellos con un pensamiento singular “mayor acumulación-egoísmo, menor generosidad”. Características propias de un mundo capitalista “dinámico y versátil” en donde prima el interés económico por encima de la vida y la felicidad de la gente con argumentos como “vamos a perder más gente si hay una gran recesión o una depresión” (Trump, 2020). Una actitud cegada e irresponsable guiada por la noción de la acumulación, a la que se suma también el “sálvese quien pueda” de una Unión Europea (UE) fragmentada, ausente y materialista que se ha olvidado de sus valores principales, “la solidaridad y el comunitarismo”.

     El COVID-19 no es únicamente una cosa china como torpemente se aseveraba, ha traspasado fronteras convirtiéndose en un virus ideológico, que pone a la luz que “no somos tan dueños absolutos del mundo como nos parece" (Mujica, 2020), que el sistema capitalista individualista y utilitario que se ha venido manejando como “fiel reflejo de una filosofía de vida, no es la única manera de cubrir las necesidades básicas, como se había intentado convencer” (Racionero, 1983). El actual sistema económico se encuentra vapuleado, no es más el pensamiento de Adam Smith o Radn, el COVID-19 ha demostrado que el bienestar social no está en el crecimiento económico o que el objetivo fundamental de la vida no es amasar una fortuna. Todos dependemos de los unos a los otros, es necesario combatir el egoísmo y salir de la oficina de contabilidad para repensar nuevas formas de desarrollo.

     Así, el impacto del coronavirus nos brinda la oportunidad de reestructurar el actual sistema económico y nos permite voltear la mirada hacia nuevas perspectivas como las de Latinoamérica que entre 2008 y 2009 con Ecuador y Bolivia a la cabeza institucionalizaron el Buen Vivir con cosmovisiones indígenas kichwa “Sumak Kawsay” y aymara “Suma Qamaña”, ideas criticadas en un principio como “salvajes, simples, primitivas, retrasadas, premodernas”, y hoy una posible idea esperanzadora debido a su planteamiento por una vida en armonía con uno mismo (identidad), con la sociedad (equidad) y con la naturaleza (sostenibilidad).

     Un Buen Vivir que entiende que no solamente es necesario “bien estar” sino también “estar bien”, una noción de vida plena y armónica entre la comunidad y el cosmos del universo. Una alternativa al desarrollo esperanzadora que nos hace aceptar que una amenaza disfrazada de virus ha llegado para quedarse, quizás de manera momentánea o de manera definitiva con futuras mutaciones incluso más peligrosas. Una alternativa de desarrollo que nos invita a mantener una voluntad organizada para dejar de lado al dios mercado.

     El “shock” producido por el COVID-19 nos invita a replantearnos el ideario que acumular más no es sinónimo de vivir más o vivir mejor, el capitalismo está sufriendo un desgaste y sus consecuencias las estamos viviendo; necesitamos un cambio de visión racional, occidental, desigual y depredadora a una visión sensitiva latinoamericana que en palabras de Gargallo (2014) mira a la vida como la dualidad territorio-cuerpo en donde el Buen Vivir se convierte en el paradigma sostenible, partidario de la armonía y vida en plenitud para los pueblos y la humanidad.

 

Carla Zapata

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