Beñat Arguinzoniz

     De qué oscuridad venimos

     De qué oscuridad venimos,
     de qué combate desolado nos levantamos
     para seguir cayendo,
     en la lucha de los cuerpos contra el olvido,
     en la lucha ciega de los cuerpos
     contra el dolor sin nadie.
     ¿Lo sabes tú?
     Sabes tú qué son estas sombras
     que a mi lado pasan sin demandar ya nada,
     y qué estos hombres oscuros que a mi lado yacen
     como un conjuro inútil o una fórmula vacía.
     Dímelo si lo sabes, y dime si hay vida
     o si ésta es la única vida posible,
     este lugar donde llorar a solas
     mientras la luna se oculta y el recuerdo palidece.
     Te lo pregunto a ti porque es extraño, es extraño
     que no nos veamos cuando estamos juntos,
     y que nada sepamos mientras la piedra del corazón
     sigue cayendo.
     Quizá sea de noche y estemos los dos solos,
     lejos del ruido de las palabras
     y del esfuerzo inútil de los días,
     lejos del mundo y su rumor sangriento.
     Quizá sea de noche
     y estemos finalmente los dos solos,
     y no quede ya del sueño o el delirio
     ni siquiera su estructura: la esperanza;
     y no quede ya sino la mudez secreta de tus labios,
     como una oración que nada pide,
     como una plegaria que no aleja
     ni descifra tu misterio.
     Pero la noche es suave,
     la noche es suave como una madre desolada,
     y en sus ojos azules el mundo llora su vértigo:
     tanta belleza para morir más y más,
     tanta belleza para seguir muriendo.
     Es extraño, pero es cierto,
     y el no saber nunca cuándo ni por qué,
     y el no saber nada y seguir cayendo.
     De qué combate desolado,
     de qué oscuridad venimos.
     ¿Lo sabes tú? Te lo pregunto
     mientras crece la cifra absurda del dolor
     y una mano invisible nos empuja
     como en una invitación desesperada
     a participar de lo humano, de su ferocidad,
     de su torpe alegría.
     Te lo pregunto porque el dolor no tiene nombre,
     el dolor es apenas una mano
     donde un pájaro se posa o una flor se desvanece,
     una mano invisible que señala
     el cómputo horrible de los días.
     El aire olvida los rostros
     y todo sigue ardiendo debajo de la luz.
     Por eso te pregunto de qué esperanza venimos,
     de qué combate desolado nos levantamos
     para seguir cayendo,
     te lo pregunto a ti que caminas
     por los densos valles de sombra,
     y eres como una flor sin esperanza,
     te lo pregunto una vez más
     porque eres la última flor,
     la última rosa frente al rostro interminable
     de todas las ausencias.

                                                                     (Inédito)

 

Beñat Arguinzoniz (Bilbao, 1973)

Estudió psicología y psicoanálisis, y es desde hace quince años librero de profesión. Sus libros, desarrollados en un intenso lenguaje poético, son siempre una mezcla de géneros. Entre sus títulos publicados están: Pasión y muerte de Iosu Expósito (2012), Un mundo para Marina (2014), La herida iluminada. (Sobre la poesía) (2015), El libro de los espantos (2016), Oscuro animal celeste (2016), El evangelio del hombre (2017), y Reflejos de Andalucía. (Ensayo lírico sobre la Andalucía trágica) (2017), donde el cantaor flamenco Juanjo Navas interpreta sus poemas. Sus últimos libros son Camarón de la Isla. El mundo es devorado lentamente (2018), y Extrañas Flores y otros fragmentos de un diario póstumo (2019). Ha traducido a Pessoa, la poesía completa de Henry David Thoreau y la poesía completa de Matsuo Basho.