José Luis Gómez Toré

     Siete variaciones sobre un tema de Wallace Stevens

                                                                                                 The imperfect is our paradise
                                                                                                                          W. STEVENS

1

Lo imperfecto es nuestro paraíso. El agua que atesora la pura refracción de la luz. No dejarse tentar: solo ese ritmo. Escuchar lo que es don y que se ignora. Superficie, no fondo. Transparencia.

2

Si lo imperfecto es nuestro paraíso, quizá la perfección es el infierno. Pasos sobre la nieve que terminan al llegar a la orilla. El secreto de la nieve es el agua.

3

Lo imperfecto es nuestro paraíso, pero si la mente puede concebir lo imperfecto es porque todavía nos seduce, y con qué terquedad, la perfección. Así transitas cada hora de infierno a paraíso, de paraíso a infierno. Cada minuto, salvación y condena.

4

Lo perfecto es el vacío, el hueco. Lo imperfecto es el ser, su rastro tan fugaz, su luminosa huella sobre el fondo perfecto de la nada.

5

No hay perfección sin límite y, sin embargo, qué pugna por rebasar los límites. ¿O hablamos de un umbral? Umbral y no frontera, umbral porque es frontera, afuera de qué adentro. El niño dice «eso no pasa en el mundo real». «Qué es el mundo real», pregunta el padre. Y el niño: «Este país: donde vivimos».

6

Lo imperfecto no es nuestro paraíso. El paraíso tal vez podría suceder, pero no se posee. Su esencia, si acaso tiene alguna, es la no posesión. Por eso, el placer es lo perfecto. El frescor de la tarde, las palabras que inventan un orden imprevisto, el fruto que se deshace en agua y música, esa urgencia tan calma de tu cuerpo y mi cuerpo, su distancia también. Tu placer, mi placer, centros esquivos que se buscan y, sin embargo, no logran confundirse. Apenas este acorde quebradizo en el tiempo, instrumentos de un concierto imposible y, sin embargo, senderos que se cruzan, que se borran, y esta sed que es la misma y no es la misma, más vieja que nosotros.

7

Nadie habita en el precario edén de lo imperfecto. Pero es hospitalario. Pasado ni futuro pesan más que aquello que los hombros en este instante pudieran soportar. Siempre me costó vivir lejos de la hoguera, ahora te lo confieso: años y años sin aprender a no pisar las pavesas, no aventarlas. Persistimos aquí. El rumor del hijo que juega, ajeno por completo al padre que le escucha y oye su propia infancia, la infancia verdadera, que no fue paraíso, que fuera tantas veces infierno y paraíso. El parloteo, veraz, incomprensible. Algún día habrá que aprender ese, cualquier idioma. La algarabía insomne de los pájaros.

                                                                                                                                              (Inédito)

 

José Luis Gómez Toré (Madrid, 1973)

Es autor de poemarios como He heredado la noche (2003, accésit del Premio Adonáis), Fragmentos de un cantar de gesta (2007), Un corte que no sangra (2015) y Hotel Europa (2017). Asimismo, ha publicado, junto con la artista Marta Azparren, Claroscuro del bosque (2011). En 2019 ha aparecido Llamarse nadie, una antología de sus poemas con selección de Óscar Curieses y del propio autor.
Como ensayista, es autor de La mirada elegíaca. El espacio y la memoria en la poesía de Francisco Brines (2002, Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria), El roble de Goethe en Buchenwald (2015), Extramuros. Escritos sobre poesía (2018) y María Zambrano. El centro oscuro de la llama (2020). En 2009 apareció su estudio Pedro Salinas, acompañado de una antología del poeta del 27, y, en 2015, su edición de Amadís y el explorador de Ángel Crespo.

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