Eloisa Otero

     Del escuchar a tientas

(…) Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro.

WALTER BENJAMIN*

     Frente a la ventana ondea una bandera del terror.
     ¿Cómo pensar?

                                           No hay muchos que quieran cruzar al otro lado desde aquí.
                                           Del otro lado llegan aullidos
                                                  de vez en cuando alguien consigue atravesar las líneas,
                                                  menos cada vez.

 

     «Allí donde murieron todos».
     [¿Quién narra?
     ¿Quién puede dar fe de…?
     Si nuestra memoria apenas alcanza más allá de una generación
     (a ver… ¿qué recuerda usted de sus abuelos?)
     y del alén nadie volvió
     para contarlo.]

     Da igual que digas:
     «Hágase el prodigio». Es
     tiempo de virus
     acelulares
     de origen incierto.
     No hay magia que valga.
     Si marzo fue brutal, abril ha sido cruel
     y vendrán más meses malos
     —Ferlosio presintió que serían años—
     que nos harán más ciegos y más malos y más tristes y más hoscos y más torvos

     Se fueron los vecinos de ojos amusgados,
     también los mirlos del árbol próximo,
     su gorjeo grave y melodioso,
     y alguien tendría que descolgar el tapete de ganchillo
     y la esponja gris
     que ondean desde hace días con el viento en el tendal
     de mi vecina,
     o me voy a morir de la pena. 

     Nadie les contará,
     (como nadie contará de ti ni de mi)

     así que habla conmigo, no dejes de hablar (te escucho a tientas),
     escribe
     por mis dedos
     ahora que «ya nada se parece al país que dejamos».

     ¿Qué somos al cabo y en medio de la vida,
     cuando se nos va de las manos lo que podemos ser?
     ¿Quién escucha nuestras lágrimas?
     ¿Y quién se ocupa de nosotros, intranquilos?
     Hablo contigo como si estuvieras
     y de pronto me doy cuenta de que no,
     que no estás.

     Quizá todavía y siempre haya alguien en este mundo
     (real, nuestro)
     que se atreva a decir,
     como Ullán:
     «¿Qué es esto que yo no he sido?»

                                                                           (Inédito. León, 13 mayo 2020)

      *(Al final de «Antigüedades», ‘Torso’, en el libro Dirección única, 1928)

 

Eloísa Otero (León, 1962)

Lleva más de 30 años trabajando como periodista en distintos medios de comunicación. En 2012 cofundó la revista digital de cultura TAM TAM PRESS (tamtampress.es), que en 2015 recibió el Premio Diálogo del Ateneo Cultural Jesús Pereda a la defensa de la libertad de expresión.
Es autora de varios libros de poesía —como Cartas celtas o Tinta Preta— y colabora con publicaciones periodísticas y culturales de España y América. Tiene además publicado un libro sobre fotografías antiguas, León a través de La Gafa de Oro, y la guía Escultura urbana de la ciudad de León. También ha vertido al castellano, en colaboración con Manuel Outeiriño, la obra poética del escritor gallego Xosé-Luis Méndez Ferrín.
En 2018 formó un dúo con la percusionista gallega Chefa Alonso, con la que realiza el espectáculo poético-musical «Cuéntame la verdad, sí. Pero a ver cómo me la cuentas».
Mantiene vivo, entre otros, el blog Faro Gamoneda (farogamoneda.wordpress.com), dedicado al poeta Antonio Gamoneda.

Blog personal