Fanny Rubio

     AVE MARÍA

     Mi quitamiedos
     retira con su junco derecho los despojos
     de jeringuillas, mechones de cabello bañado en púrpura
     y cigarrillos engañosos
     y no pierde ocasión de recordarme
     que la próxima vez no va a venir.
     Llega tarareando un concierto de Schumann
     y busca en mi tiniebla
     una bolsita de crochet granate,
     cuya presencia, bajo mi colchón,
     he de reconstruir con toda credibilidad en tres segundos.
     Pero a él le funcionan otros tipos de alertas
     cuando despliega un plano
     en donde desfallecen
     arcos partidos y arenas llenas de metralla
     y fragmentos de lienzo
     y un Hércules llevado en la ebriedad
     por sátiros y ninfas
     y hace balance en decenas de mil
     de nuestros muertos.
     Su entrecejo resiste mi exigencia
     con el desdén de quien no me ha de tomar jamás en serio.
     Busca en mi hombro desnudo con precisión oftalmológica
     y hace continuamente milagritos para que el calcio pase a mi osamenta.
     Alguna vez, cuando lo veo entrar enojado, perseguido por un compatriota,
     finjo que me desmayo
     para que lance una mirada en mi provecho.
     Enseguida murmuro
     que en veinticuatro horas abandonaré el campo
     en el que esconden sus compañeros naderías
     hasta ganarle un pleito por la dorada picadura
     y antes de que me diga que se marcha
     hago un esfuerzo por perder los estribos
     al escuchar que ordena a la enfermera
     que no me dé, en adelante, fuego.
     Después de estos sucesos
     mi quitamiedos mulle la almohada con sus guantes de plumas;
     no me va a regalar más balas blancas, ya lo sé,
     tiene vacíos los cuencos.
     Pero le sigo el pómulo cada vez más patente
     mientras él supervisa desconfiado
     mi antebrazo para que no se me desmande
     y tira seriamente de mi raíz,
     sube a mi muerte a flor de labio,
     me deja una caricia de pulgar
     y una escena violeta bajo el párpado
     y logra seducirme, hasta la tarde, con una cápsula amarilla.

 

Fanny Rubio (Linares, Jaén, 1949)

Catedrática de Literatura en la Universidad Complutense de Madrid, docente en la Universidad de Granada, Maitre de Conference en la U. de Fez y Directora del Instituto Cervantes de Roma.

Colabora en prensa y televisión. Dirigió los Cursos de Humanidades de la Universidad Complutense en El Escorial y ha sido conferenciante en numerosas Universidades (UIM, El Escorial, Salamanca, Sevilla, Vitoria San Sebastián, Lisboa, Nápoles, Clemont Ferrand, La Paz, Santiago de Chile, Montevideo, Berlin, Rabat, NuevaYork City, Kansas, Ohio, etc)

Poesía: Acribillado amor, en VV.AA, Poemas, Madrid, Premio de poesía de la Universidad Complutense, 1970; Retracciones, Madrid. Ediciones Endymion, 1979, Reverso, en Maillot Amarillo; 1988; Retracciones y Reverso en Endymion 1989 Dresde, Madrid, Ediciones Devenir, 1990 ; En Re Menor, Málaga, Colección Tediría, 1990. 25 Poemas. Fundación Málaga, 2017.

Cuento: A Madrid por capricho, Madrid, Libros del Tren. Fuegos de invierno bajo los puentes de Madrid, El tercer nombre)

Crítica: Las revistas poéticas españolas (1939-1975), Madrid, U. Alicante ; Edición fascímil de Pueblo cautivo /Anónimo 1946), Madrid, Hiperion; Poesía española contemporánea. Historia y Antología (1939-1980), Madrid, Alhambra (en colaboración con José Luis Falcó); Noticia de Gabriel Celaya, Madrid, Biblioteca Nacional; Cuadrantes, prólogo de Rafael Alberti, Diputación de Jaén; Edición, prólogo y notas de Hijos de la ira de Dámaso Alonso, Espasa-Calpe; prólogo a Epigramas de El Escorial de J.A. Goytisolo (Hiperión) .

Ensayo: El embrujo de amar, Madrid, Planeta, Temas de Hoy. El Quijote en clave de mujer/es (Madrid, Editorial Complutense, 2005); El Juan Ramón de Aurora de Albornoz (Madrid, Devenir) y Baeza de Machado (Fundación J.M.Lara). “Introducción” a Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar (Círculo de lectores) y a Rosa Rossi, Teresa de Ávila, Vida de una escritora (Trotta).

Novela: La sal del chocolate, Barcelona, Seix Barral; La casa del halcón, Madrid, Alfaguara; El dios dormido, Madrid, Alfaguara; El hijo del aire, (Planeta).

Entre otras distinciones, le ha sido concedida la Encomienda de Isabel la católica por contribuir, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación Española con el resto de la Comunidad Internacional.

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