Yolanda Izard

     La casa cerrada

     Hoy se ha hecho la luz por primera vez,
     hoy he plantado unos versos en el jardín, junto a la higuera,
     hoy he recorrido vastas praderas con los ojos cerrados
     en medio de mi salón cautivo,
     hoy he alzado una mano y he sentido el viento de los páramos,
     el viento helado entre las ruinas del invierno,
     hoy he caído en un muelle sopor sobre las aguas cálidas
     que mecen a los niños eternos como yo,
     pues mi infancia sobrevive siempre a mi cuerpo.

     Hoy he visto un cormorán, un tigre y un coprolito
     enredados en la espesura de la selva intocada,
     y un águila, un cisne y un ñú
     por las calles vacías y los lagos de las rotondas;
     hoy he hecho un arroz con zanahorias para mi perra parida
     y de pronto he sentido el maná cayendo del cielo
     en mi pequeña cocina verde.

     Hoy he abierto los ojos de un niño.
     He vestido a una anciana.
     He leído unos versos a un hombre que llora.
     He secado las lágrimas a un contagiado.
     He sacado de mi armario la ropa de un indigente.
     He cortado en tres retales una sábana blanca
     y he cosido diez mascarillas bajo el flexo plateado.
     Hoy me he convertido en un respirador,
     en unas manos que acarician al enfermo,
     en unos ojos que buscan la vacuna,
     en una sala de espera de otro diluvio.

     Desde el pasillo de mi casa, se llega
     a China, a Australia, a los Cárpatos:
     abro un verso y piso una calle en Cancún,
     remuevo el arroz en una choza de paja,
     doy a luz a un niño mestizo,
     busco alimento para mis gallinas en los maizales.

     Hoy he tocado mis manos y no eran mis manos,
     sino las manos de la tierra herida ordenando silencio a las bestias
     para poder enterrar en paz a los nuestros.

     De pronto, hoy es todo, hoy es siempre, pasado y porvenir,
     y yo soy
     esa que abre
     sus pulmones
     en la casa cerrada
     y al fin respira
     el mundo.

                                                                              (Inédito)

 

Yolanda Izard Anaya (Béjar, Salamanca, 1959)

Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca donde también cursó estudios de Bellas Artes, y ha cursado un posgrado en ELE. Ejerce la docencia en la Universidad Europea Miguel de Cervantes, en Valladolid, es correctora de estilo y dirige e imparte distintos talleres de Escritura Creativa de creación propia en esta ciudad.
Ha publicado las novelas Paisajes para evitar la noche (XXVIII Premio Cáceres de Novela Corta, Diputación de Cáceres, 2003), La mirada atenta (VII Premio de Novela Carolina Coronado, Del Oeste ediciones, Badajoz, 2003), el libro de microrrelatos Zambullidas (ed. Renacimiento, Espuela de Plata, Sevilla, 2017), los libros de poemas Lumbre y ceniza, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2019 y finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León 2020, Defunciones interiores (Institución Cultural El Brocense, Cáceres, 2003), El durmiente y la novia (ed. Sinmar, Madrid, 1997) y Reliquias del duende (al cuidado de Aníbal Núñez, Salamanca, 1983), el ensayo Pequeño manual de la creación de cuentos (Revista Siglo XXI, Valladolid-New York, 2015), la adaptación para ELE de Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán (Agilice Digital, Valladolid, 2014), el Comentario y selección de poemas de la Transición (ed. Difácil, Valladolid, 2009) y ha publicado relatos y poemas en numerosos libros colectivos, en algunos con ilustraciones propias. En 2013 recibió el Premio Andrés Quintanilla de Poesía y en 2014 quedó preseleccionada en el Premio Herralde de novela.
Es crítica literaria y colabora de manera habitual en el suplemento cultural de El Norte de Castilla, La sombra del ciprés, así como en las revistas literarias Subverso y Revista de Letras, en los que ha publicado más de cien reseñas y artículos literarios, y ha colaborado en revistas culturales como Quimera y en numerosos actos culturales.