Jaime Siles

     Un sentimiento dulce

     Estos últimos años he estado
     despidiéndome de todos y de mí:
     diciendo adiós a cada cosa,
     cada perfil, cada palabra
     y, por vez primera en mi vida,
     he sentido eso que se llama piedad
     y que es –o puede ser– un sentimiento dulce
     que nos hace mirar hacia nosotros mismos,
     pero no con el vértigo de su relieve ácido
     sino con un amor a todo lo que somos
     y a cuanto con nosotros se dispone a morir:
     una tarde en penumbra, una mañana absorta,
     el vuelo de las aves, una ciudad con torres y espadañas,
     el recuerdo del mar, una conversación con los amigos,
     la lección de un maestro, el rapto del amor,
     lo que aprendimos, lo que no sabemos,
     lo que con nosotros vivirá, lo que quisimos,
     y lo que no nos quiso, lo que nos dejó a un lado,
     lo que ni nos miró, lo que nos dice adiós
     de todas las maneras, y los puntos del tiempo
     a los que no se puede regresar.
     Me despido de todos y de todo,
     no de vosotros sólo: me despido, sobre todo, de mí,
     con quien sé que nunca más voy a encontrarme–
     que otro cruza la calle que yo piso,
     que otro lleva la ropa que yo llevo,
     que esta boca que dice lo que dice
     no ha sido ni es ni será nunca lo que yo;
     que quien escribe este poema es otro
     distinto también a quien lo lee
     y que la identidad es un magma
     de muchas y muy pequeñas cosas
     que cada día hay que recuperar
     porque, si no, se extingue, se diluye, se borra
     como ahora mismo yo, y también tú, me voy,
     nos vamos, borrando y diluyendo,
     en una página no escrita o en algo aún por escribir,
     hacia dentro de algo
     que queremos creer que es uno mismo,
     pero que no lo es: es siempre otro el que nos acompaña;
     es siempre otro lo que llamamos yo.
     Por eso la vida es un exilio
     pero no de un punto sino de todo el tiempo
     y de todas las personas que hemos sido,
     que somos y seremos dentro de él
     y de las que nos vamos imperceptiblemente despidiendo
     en ese adiós a cada uno de nosotros
     que aparece en la vida en momentos de niebla
     y que, por eso mismo, focaliza el instante
     y lo convierte en símbolo
     de la presencia en sombra que ha sido lo que llamamos yo,
     lo único nuestro que no nos pertenece,
     lo único que nunca volveremos a ser,
     lo que ya fuimos, lo que no seremos,
     un escorzo de sombras
     batidas por el fuego de la imaginación.
     Revivir el instante, revivir el instante
     antes de que todo sea sólo su fin. 

                                                              Himnos tardíos (1999)

 

Jaime Siles (Valencia, 1951)

Doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca. Becado por la Fundación Juan March, amplió estudios en la Universidad de Tübingen bajo la dirección de Antonio Tovar. Posteriormente trabajó como investigador contratado en el Departamento de Lingüística de la Universidad de Colonia, donde colaboró con Jürgen Untermann en la redacción de los Monumenta Linguarum Hispanicarum. De 1976 a 1980 fue profesor de Filología Latina en la Universidad de Salamanca; de 1980 a 1982, por oposición, en la de Alcalá de Henares. En 1983 obtuvo la cátedra de Filología Latina de la Universidad de La Laguna (Tenerife). Ese mismo año fue nombrado director del Instituto Español de Cultura en Viena y Agregado Cultural en la Embajada de España en Austria, donde cesó -a petición propia- en noviembre de 1990. Catedrático Honorario de la Universidad de Viena (1984-1986); Gastprofessor de la Universidad de Graz (1985); Gastprofessor de la Universidad de Salzburg (1986); Visiting Professor de la Universidad de Madison-Wisconsin (1989); Profesor Visitante de la Universidad de Bérgamo (1990); Profesor de la Universidad de Berna (1990 y 1991); Ordentlicher Professor de la Universidad de St. Gallen (1989-2002) de cuya Facultad de Ciencias de la Cultura ha sido decano (1997-1998); Profesor Visitante de la de Turín (1996); Profesor Visitante de la Universidad de Ginebra (2000-1 y 2011-12); profesor invitado de l’École Normale Supérieure de Lyon (2011), de l’Université Blaise Pascal de Clermont-Ferrand (2012), de l’Université d’Orléans (2013), y de l’Université Marne-La Vallée (2014). Actualmente es Catedrático de Filología Latina en la Universidad de Valencia. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (2008-2016), director del Aula de Estudios Clásicos de la Institución Alfonso El Magnánimo de la Diputación de Valencia y director del Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Valencia. Ha sido secretario de redacción de la Revista de Occidente y Asesor de Cultura en la Representación Permanente de España ante la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas. En 1973 obtuvo el Premio Ocnos; en 1983, el Premio de la Crítica de País Valenciano y el Premio de la Crítica Nacional; en 1989, el Premio Internacional Loewe de Poesía; y, en 1998, el I Premio Internacional Generación del 27. En el año 2003 fue distinguido con el Premio Teresa de Ávila; en 2004, con el Premio bienal de las Letras Valencianas, en 2017 con el Premio Andrés Bello y en 2019 con el Premio UNESCO, concedidos estos cuatro al conjunto de su obra. En 2008 recibió el Premio Nacional de Poesía José Hierro, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Torrevieja y el Premio Tiflos y en 2018 el Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma. Premio Extraordinario de Bachillerato (1967), Premio Extraordinario de Licenciatura (1973) y Premio Extraordinario de Doctorado (1976), ha sido distinguido con la Encomienda de la Orden del Mérito Civil (R. D. de 23 de junio de 1990), la Gran Cruz de Honor por servicios prestados a la República de Austria (1991) y con la Medalla de Plata de la Emigración (2003). Académico de Número de la Real Academia de Cultura Valenciana, Académico de Número de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Académico de número de la Academia de Juglares de San Juan de la Cruz, 2019, Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos (2001), Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia (2005) y Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (2018). En 2013 el Ayuntamiento de Valencia lo ha nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad y la Universidad de Clermond-Ferrant lo invistió Doctor honoris causa. En 2019 fue nombrado Hijo adoptivo de la ciudad de Fontiveros (Ávila).
Es autor de 47 libros de poemas -varios de ellos traducidos a otras lenguas- ; 17 libros de ensayo e investigación; 22 traducciones; 10 ediciones; 179 artículos científicos; 57 prólogos; y más de mil reseñas de libros.

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