Alfredo Pérez Alencart

     Poema para momentos difíciles

     Permíteme decirte
     que si el frío alambre del oscuro invierno
     hiende sus oxidadas púas sobre tu garganta,
     nada está perdido todavía.

     Y si ahora tu cuerpo es objeto de cóleras
     comunicables paseándose por él para hacerle ruina,
     mira cara a cara a la vida
     aunque la afiliación del hombre
     sea con la muerte.

     Hay un pacto de honor entre la vida y la muerte,
     un grano de misterio
     que porfía en medio de cualquier desastre
     y no se cansa de arder,
     fiel al arca de las visiones cuyo único tiempo
     está grabado en tu memoria.

     Permíteme decirte
     que así se flota como una estrella
     cuya luz quiere ser robada. Así se aguanta
     hasta el próximo diluvio. Así se aprenden
     himnos que logran despertar estatuas.
     Así tu sombra viaja todos los días
     con los ojos llenos de pájaros y enigmas.

     Este es un vals privado que acompaño de violines
     para que solo tú recuerdes.
     Tú, que quieres vivir con los huesos completos.
     Tú, que has ido quitando telarañas de la casa paterna.

     Tú, que sorbes poesía como medicamento del alma.
     Tú, que tienes voluntad de seda y acero.
     Tú, que deseas oír el zumbido de los cometas.
     Tú, que sabes de alegrías y lamentaciones.
     Tú, que aspiras abrazar todo aquello que mana del amor.

     Permíteme decirte
     que el firmamento no se ha gastado todavía
     y que hay principio y hay continuación
     en esta guía de viaje cuyo destino está más abierto
     que los sueños.

     ¿Acaso no has visto tantas aflicciones en los pasillos,
     tantas grandes letras negras
     dando cuenta de vencidos rostros?

     Los ramajes del habla están contigo
     y sigues destetándote con nieve derretida,
     combatiendo más allá de la víspera
     apoyada en el aliento esencial de los creyentes.

     Menos sollozos en momentos difíciles.
     Menos equívocas realidades.
     Menos músicas enmudecidas.
     Menos llamas que no queman.
     Menos campanas enmohecidas.
     Menos desórdenes dispuestos a hacerte volar
     de nuestros ojos.

     Yo sé que tu salud responde a la llamada
     de mi voz bordadora de entusiasmo.
     Y aunque no está en mis manos renovarte
     las células favorables,
     soplo en tus venas para quitar fiebre al calvario
     y anunciar que algún suceso alegre
     picoteará tu cena de las noches venideras.

     Permíteme decirte
     que la cita no está convenida
     y que debes volver a podar los rosales
     (como en el pasado, como en el futuro),
     viviendo felizmente con la vida que te sobrevive.

     Así es:
     la vida es una historia contada por pastores
     cuyo pregón genera temblor en nuestros pechos
     y en el polvo profundo
     y en el resplandor que nos resucita.

     Te digo y te vuelvo a decir
     que toda cascada de tribulaciones se hará trizas
     mientras estés visitada
     por el hijo de los terrestres testimonios.

     En este mundo
     dientes viejos resultan las angustias,
     y por ello,
     para tu cuello,
     elaboro con palabras balsámicas
     este collar que sabrá
     cómo calentarte durante el invierno.

 

Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, 1962)

Poeta peruano-español y profesor de la Universidad de Salamanca. Es coordinador, desde 1998, de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos de Salamanca. Sus poemarios son, entre otros: La voluntad enhechizada (2001); Madre Selva (2002); Cristo del Alma (2009); Cartografía de las revelaciones (2011); Margens de um mundo ou Mosaico Lusitano (2011); Los éxodos, los exilios (2015) y Barro del Paraíso (2019). Poemas suyos se han traducido a 52 idiomas y ha recibido, por el conjunto de su obra, el Premio Internacional de Poesía Vicente Gerbasi (Venezuela, 2009), el Premio Jorge Guillén de Poesía (España, 2012), el Premio Humberto Peregrino (Brasil, 2015) y la Medalla Mihai Eminescu (Rumanía, 2017), entre otros.